09 mayo 2013

La escalerona de cumpleaños

La escalerona cumple 75 años


El día 23 de enero de 1933, los concejales que formaban parte del Ayuntamiento de Gijón, presidido por Gil Fernández Barcia, tomaban la decisión de construir una nueva «escalera de abanico» para la playa de San Lorenzo. El acceso al arenal desde el frente de la calle de Jovellanos había quedado obsoleto e, incluso, muchos días de verano ocasionaba aglomeraciones de bañistas. Se buscaba un diseño moderno y funcional, que diera servicio a los ciudadanos y que, a la vez, 'vistiera' un paseo, el del Muro que no tenía, todavía, muchos años de vida.
Eran tiempos de penuria económica y laboral. En ese contexto surgió la figura de José Avelino Díaz Fernández-Omaña como arquitecto municipal. De su creatividad, salvando incluso las inevitables disputas políticas, surgieron hasta cuatro posibles diseños para los nuevos accesos a la playa. Empezaba a gestarse la Escalerona. Siete meses después, en tiempo récord, la escalera era una realidad. Se inauguraba, con un paseo de las autoridades, el día 15 de julio de 1933. El próximo mes, este emblema gijonés y joya del racionalismo cumple 75 años.

Con todo, la aprobación del proyecto definitivo, la puesta en marcha de la obra y la ejecución de los trabajos no fueron retos sencillos de solventar. El primer obstáculo a salvar fue el interés de los responsables políticos del Ayuntamiento de Gijón por el hecho de que la nueva escalera fuera en «abanico». El objetivo era tratar de facilitar al máximo el desalojo de la playa, pero contaba con el inconveniente: la rampa posibilitaría la entrada de agua de la mar al paseo, causando los inevitables trastornos al vecindario.
El arquitecto municipal optó por presentar, de forma inicial, tres opciones. Una la del citado «abanico», y otras dos con un basamento central y una meseta superior al nivel de la acera, aún asumiendo que muchos viandantes podían «estacionarse» en esa zona y dificultar la entrada a la playa. Se estaba dibujando la actual Escalerona. Los proyectos fueron expuestos en el Ayuntamiento y la 'Liga de inquilinos' tuvo claro que la mejor opción era la del basamento, luego adornada por una torre que albergaría los aparatos de medida: el reloj, el barómetro y el termómetro. La decisión estaba tomada en el mes de marzo y, tras concurso público, la obra fue adjudicada a Gargallo por 70.000 pesetas, el mismo presupuesto que había fijado José Avelino Díaz Fernández-Omaña en su proyecto.
 Luego, la Escalerona sufrió innumerables agresiones. Los relojes originales desaparecieron y no corrieron mejor suerte los vidrios y hasta los números de bronce del termómetro. Miguel Díaz Negrete, hijo de autor del proyecto, levantó la voz de alarma en 2001. Trabajó un año en recuperar piezas y, sobre todo, el espíritu de la vieja Escalerona. Su padre estaría satisfecho. Hoy, el viejo emblema gijonés luces unos envidiables 75 años.

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