30 mayo 2013

Paseo de begoña

Los encargados de hacerlo fueron los miembros del gremio de carpinteros, que orientaron el templo y el calvario, en la cima de la colina, justo frente a la que el gremio de mareantes tenía en el Cerro de Santa Catalina. Ese se puede decir que fue el origen del paseo, aunque en un principio fue una simple calle. Además, en el transcurso de los años se le asignaron distintos nombres: en 1873 se llamó calle de Enrique III, con la Primera República pasó a llamarse de los Comuneros y con la Restauración, paseo de Alfonso XII. A pesar de todo, ya desde un principio los gijoneses la llamaba Begoña, en referencia a la Virgen que se veneraba en la capilla.
La zona congregó inicialmente fábricas que, incluso, tenían su propia ciudadela, como fue el caso de la factoría de cristales La Industria, fundada en 1844. En el paseo de Begoña también se instalaron la fábrica de fundición Laviada y Compañía (1850), conocida popularmente como 'La Begoñesa', o las fábricas de chocolate La Industria (1877) y La Primitiva Indiana (1860).
 El propio desarrollo de Begoña hizo que la capilla construida en el lugar a finales del siglo XIX -tras la demolición en 1877 de la ubicada en el callejón de La Perseguida- fuera muy codiciada por las órdenes religiosas y en 1904 fue cedida a la comunidad de María Reparadora, que la mantuvo hasta 1931. A continuación fueron los carmelitas descalzos quienes se hicieron cargo del templo, con el paréntesis de la guerra civil. La notoriedad del paseo fue en aumento con el correr de los años y sus edificios albergaron, entre otros, un cuartel policial, el Centro Asturiano de La Habana, destacados cafés como el Dindurra o el Aurora, y tuvo ilustres vecinos como Concepción Arenal o el escritor José Caveda.
También fue elegida la zona para albergar importantes acontecimientos, como las primeras ferias de muestras, o un hecho histórico para la ciudad, pues en el centro del paseo se instalaron, en 1886, unas primitivas farolas para hacer las primeras pruebas de funcionamiento del alumbrado eléctrico.
Pero el paseo de Begoña no se puede comprender sin Los Campinos, una zona separada de los jardines por la calle de San Bernardo. Entre 1929 y 1968 los gijoneses pudieron disfrutar de la pérgola y los estanques que había diseñado Arturo Truán. La zona fue totalmente reformada para erigir un monumento al Alférez Provisional, que permaneció en pie algo más de 20 años. Ese espacio unía el conjunto con la iglesia de San Lorenzo, construida entre los años 1896 y 1901, aunque tuvo que ser profundamente reformada tras los bombardeos e incendios sufridos en la guerra.
Pero el desarrollismo de los años 1960 también afectó al paseo de Begoña y se eliminaron una parte importante de los jardines geométricos y en la década siguiente se partió el paseo a la mitad para dar continuidad a la circulación de vehículos por la calle de Covadonga.
En 1992 se decidió acometer una profunda remodelación del paseo de Begoña. Bajo la dirección del arquitecto Joaquín Aranda Iriarte, intervino un equipo integrado por José Manuel Espina, Carlos Viñuela y Javier Hernández Cabezudo, para procurar una nueva organización espacial y recuperar el esquema funcional del paseo y todos los elementos históricos, como el estanque, los quioscos y la vieja pérgola de Los Campinos. Pero se quiso aplicar de una forma moderna, con la incorporación de árboles como hileras de cerezos japoneses, robles americanos o falsos plátanos, entre otros. Tampoco se olvidaron de los juegos infantiles, aunque en una zona más apartada, ni de la integración de elementos artísticos, como esculturas (dos obras de Joaquín Rubio Camín, 'Obelisco' y 'Génesis') y un mosaico en el pavimento denominado 'Alegoría de la historia del teatro', de Mabel Álvarez Lavandera y Ricardo Rodríguez Deus, que sirve de antesala al teatro Jovellanos. Otra aportación fue la fuente popularmente conocida como 'el anzuelo', de José Manuel Espina, que Joaquín Aranda asegura que fue concebida como una cueva de la que manaba agua por una pendiente.
 Hoy es uno de los lugares preferidos por los gijoneses. Sus jardines son testigos de tranquilos paseos, citas nerviosas y sonados festejos. Pero no siempre fue así. El paseo de Begoña tuvo una época en la que no dejaba de ser una pequeña colina coronada por una capilla y un calvario dedicado a la virgen del mismo nombre. El desarrollo industrial hizo que importantes fábricas se instalaran en su entorno y, posteriormente, todo el espacio fue engullido por la urbanización señorial decimonónica.
Los actuales jardines pasaron por numerosas remodelaciones y en la actualidad se enfrenta a la enésima. El proyecto para ampliar el aparcamiento que ocupa toda la longitud del paseo hará que desaparezca uno de los elementos que en los últimos años se había convertido en punto de encuentro, la fuente conocida como el 'anzuelo'. Pero es que Begoña fue testigo de gran parte de la vida de la ciudad.
Podemos remontar su historia hasta 1650, cuando se construyó lo que sería la primitiva capilla de Begoña, en el llamado callejón de La Perseguida, aunque fue demolida para construir otra nueva.

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